Entrevista a Miguel Ángel García autor de Melancolía vertebrada.


¿Nos podría decir con qué finalidad ha escrito este libro? ¿Qué planteamientos fundamentales se desarrollan en él?

Mi propósito ha sido rastrear ciertas imágenes literarias de Andalucía desde el modernismo a la vanguardia, aunque también ofrezco incursiones en territorios cronológicos previos y posteriores a ese trayecto, como el romanticismo y el mundo de los viajeros del siglo XIX, o las prolongaciones de las aludidas imágenes en los años treinta e incluso la posguerra. Precisamente el franquismo reforzó una determinada visión de Andalucía, digamos folklórica, haciéndola sinónima de lo español, no solo de puertas para adentro sino también de puertas para afuera. El tópico de la tristeza andaluza, que surge en el fin de siglo, intentó subvertir esa imagen ya fosilizada de la Andalucía de pandereta.

¿De dónde arranca, entonces, ese tópico de la Andalucía triste?

En 1898, en Granada, aparece un pequeño libro hoy casi olvidado con el título de Tristeza andaluza. Su autor: Nicolás María López, amigo de Ángel Ganivet e integrante de la llamada Cofradía del Avellano. De este título se hicieron eco, inmediatamente, algunos poetas modernistas como Villaespesa, señalando que la verdadera Andalucía, no la Andalucía superficial, lejos de una primera impresión, es triste. En concreto, Villaespesa habla de la tristeza de la alegría andaluza. Tanto Villaespesa como el joven Juan Ramón Jiménez descubren esta tristeza de Andalucía en otro poeta de entonces, el malagueño José Sánchez Rodríguez, autor del libro Alma andaluza (1900), y la contraponen a la Andalucía alegre y colorista de poetas como Salvador Rueda y Manuel Reina.

¿Por qué estos poetas que usted menciona defienden, a su juicio, la tristeza como nota distintiva del carácter andaluz, cuando todo invita a pensar, por el contrario, que es la alegría?

En el caso de Nicolás María López, aunque titula su libro Tristeza andaluza, como queda dicho, se trata más bien de una tristeza granadina. La tristeza, como la pereza, forma parte para él del carácter granadino, en el que ve una herencia morisca o de los árabes. Esa tristeza es inseparable, en definitiva, de un género literario del fin de siglo como el alhambrismo, incomprensible a

Novedad 2012: Melancolía vertebrada. La tristeza andaluza del modernismo a la vanguardia.



Sobre el libro: Este libro se pregunta por la conveniencia, no ya de historiar, sino de historizar, las imágenes literarias de Andalucía que fueron sucediéndose del modernismo a la vanguardia. Tan solo así podrá comprenderse cómo el tópico finisecular de la tristeza andaluza invierte el tópico anterior de la alegría meridional, indisociable de la Andalucía inventada por los costumbristas y los viajeros románticos. Historizar las imágenes de Andalucía pasa por reconocer una serie de coyunturas claves en nuestra contemporaneidad que exprimieron las posibilidades estéticas de lo andaluz, y que son, entre otras, las siguientes: la crisis ideológica del fin de siglo, que si por un lado rechaza la «Andalucía de pandereta» y busca el alma andaluza desde la interiorización espiritualista, por otro lado la recarga de mitología orientalizante y de los faustos del modernismo, o atiende desde el programa regeneracionista a su faz más trágica, sin dejar de inscribir lo andaluz en el debate de la europeización; la ideología liberal modernizadora que lleva en los años veinte a la estilización del andalucismo desde las lógicas de la depuración y de la vanguardia, pero también a una renovación de la imagen romántica de Andalucía como paraíso; o bien, la ideología comprometida de los años treinta que hace saltar lo popular andaluz al terreno de lo social. Tanto Bécquer como Juan Ramón Jiménez, tanto Darío como Lorca, coincidieron en la forja poética de esta Andalucía triste.

Sobre el autor: Miguel Ángel García es profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada. Es autor de los siguientes libros: Vicente Aleixandre, la poesía y la historia (2001); El Veintisiete en vanguardia (2001); La poética de lo invisible en Juan Ramón Jiménez (2002); Un aire oneroso. Ideologías literarias de la modernidad en España (Siglos xix-xx) (2010), y «Sin que la muerte al ojo estorbo sea». Nueva lectura crítica de Francisco de Aldana (2010). En este mismo año 2012 ha visto la luz La literatura y sus demonios. Leer la  poesía social.

Entrevista a los editores de: Dialécticas de la postsecularidad. Pluralismo y corrientes de secularización.


Marta Rodríguez Fouz
1. Este libro que coordináis nos enfrenta con el concepto de postsecularidad, ¿cuáles son los rasgos por los que podamos reconocerlo?

Hablamos de postsecularidad para identificar nuestro mundo como un después de la secularidad que articuló la mirada hacia el proyecto moderno definiéndolo como ruptura crítica con las tradiciones incuestionadas y, en particular, con el poder político de las instituciones religiosas. En ese sentido, el concepto de postsecularidad aparece como expresión de una mirada que admite la presencia actual de las religiones como rasgo de un presente que se caracteriza también por la herencia laicista y racionalista. Ambos rasgos estarían contenidos en el concepto, que incorpora, por lo tanto, un sentido diacrónico que es el que, en gran medida, nos ha incitado a hablar de dialécticas en el título del libro.

2. ¿Cuál es el papel de la religión ante los cambios en la estructura simbólica de las sociedades modernas?

Ignacio Sánchez de la Yncera
La religión sigue estando muy presente en la vida de millones de personas que construyen su universo simbólico y sus posicionamientos morales desde sus fundamentos de fe. En las sociedades actuales, que hemos venido a llamar postseculares, la religión se mantendría como un foco de generación de sentido que permite a muchos seres humanos orientarse y afianzarse en un mundo que tiende a percibirse como dramáticamente acelerado e inestable.

3. Ante la tensión tradicionalmente conflictiva y excluyente entre modernidad y religión puesta a examen en el libro, ¿qué cuestiones nuevas están reclamando hoy en su abordaje?

Hay desafíos muy claros vinculados, no tanto a la religión en términos globales, como a sus versiones fundamentalistas. Su irrupción violenta en la escena pública ha generado una conmoción a la que no siempre se ha sabido dar una respuesta sensata. El reclamo de vínculos muy estrechos entre política y religión afecta también a la organización de la convivencia, aunque lo hace en claves distintas si hablamos de democracia o de otras formas de gobierno. No se trata de cuestiones nuevas, sino de la reedición de viejos

Novedad 2012: Dialécticas de la postsecularidad. Pluralismo y corrientes de secularización.



Sobre el libro: Este libro se ocupa de la postsecularidad, un concepto que nos sitúa más allá del horizonte de la secularidad moderna y de sus promesas. La tensión entre el proyecto de secularización moderno y los reclamos de respeto hacia una concepción religiosa de la vida y del orden social suponen un desafío tanto para la sociología como para la gestión cotidiana de los pluralismos. Y ahí es donde el presupuesto de que habitamos un mundo postsecular encuentra su plasmación empírica, pues ya no cabe ignorar  la reclamación de protagonismo público por parte de las cosmovisiones religiosas, como tampoco cabe ignorar el legado de la sospecha sistemática contra las cosmovisiones asentadas sobre verdades irrebatibles. Esa apertura a cuestionar lo incondicionado se presenta como un rasgo de las sociedades postseculares que han de posicionarse con o frente a ese modelo de resolución de los problemas convivenciales. En realidad, lo que comparece es la cuestión  del diálogo entre creencias y prácticas en sus procesos instituyentes. Un reto democrático que aquí se atiende desde las diversas tradiciones específicas de la pluralidad de la experiencia religiosa y desde los cuadros más amplios de la organización de la convivencia.

Sobre los autores: Ignacio Sánchez de la Yncera y Marta Rodríguez Fouz (Universidad Pública de Navarra) son los editores de esta obra. Además participan: E. Alemán, J.C. Alexander, J. Beriain, J.V. Casanova, J. Casquete, C. Innerarity, H. Joas, J. Larrión, R. Lasheras, J.M.ª Pérez-Agote y C. Sánchez Capdequí.